Mostrando entradas con la etiqueta templos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta templos. Mostrar todas las entradas

jueves, 15 de septiembre de 2011

Dia 7 Kyoto 11 Septiembre 2011

Un día más en Kyoto y quien dice que se necesita una semana para verlo es que debe ser muy fan de los templos porque nosotros estamos estirando los dias. No se si es por experiencias previas en China , Tailandia e Indonesia pero aquí no nos llaman la atención. Además el hecho de que todo sea "nuevo" le resta encanto al asunto (aunque todo lo ponen como de mil años de antiguedad cuando lo investigas un poco en profundidad resulta que la mayoría fueron destruidos por guerras o catástrofes naturales o han sido reformados para dar más brillo y esplendor).


De todas formas y siguiendo con la idea de al menos visitar los tres estrellas nos hemos subido al norte de la ciudad para visitar el Templo de Oro. Se trata de un templo creado por un señor feudal del 1600 para su retiro y descanso. Para ello se montó en un enclave bonito unos edificios. También se puso unas islas y cataratas pequeñas en plan jardín bucólico. El sitio está muy bien, pero como todo por aquí está a tope. Como no, cobran el estándar de entrada de 500 yen pero se pagan a gusto sobre todo comparado con otros.

Sigo pidiendo la Kyoto Visitor Pass pero ya, que te den por 50€ libre entrada y acceso al bus. Asi no te lo tienes que pensar, ni te entran ganas de quemar un templo que no merezca la pena al salir de él. No se porque no copian la idea de grandes ciudades que tienen estas ofertas, como Nueva York o París.

Bueno, este templo tiene un par de edificios históricos, el susodicho templo dorado, que recibe este nombre pues las dos plantas superiores están rebozadas de láminas doradas y otra que era una estancia de retiro con vistas a... El templo dorado, porque todo señor feudal quiere irse de retiro a ver su edificio vivienda. Este retiro es mucho mas asceta, una estructura tradicional con tatami. El templo dorado reune tres estilos distintos en sus tres plantas pero la verdad, yo no sabría diferenciarlos.

Por cada edificio histórico debe haber cuatro de souvenirs y bebidas, por lo que está orientado al negocio. También hay varios puntos a lo largo del camino que recorres donde tirar monedas a unos recipientes se supone que te traerá salud, suerte y amor. Bueno, esto lo digo yo porque no hay nada traducido. Mi mal pensar interior me dice que recogen las monedas una vez por semana para darse un fiestón. Con la cantidad de gente que pasaba tirando monedas el montón debería ser más alto.
 
Una vez visitado el templo y teniendo en cuenta que el trayecto fue de casi una hora en bus tomamos otro bus para la zona centro e irnos a comer. Paramos enfrente del edificio de Namco de nuevo y decidimos ir a comer y luego entrar ya que teníamos un poco de tiempo.Al final nos hemos decantado por una cadena típica japonesa que tiene también restaurantes en Estados Unidos. Se llama Yoshinoya. Como siempre nos han puesto delante la carta con fotos de los platos , tamaños y precios. En función de lo que pides y según el tamaño pues tiene un coste mayor o menor. Nos hemos pedido dos platos distintos para probar y como en la mayoría de restaurantes la cocina está frente a tí asi que puedes ver como preparan tu plato. La base que suele ser pasta o arroz ya está cocida y lo que hacen es echarle los aditivos que tu les pides. La verdad es que por un precio módico hemos comido bien.


Al salir hemos bajado de nuevo a Namco.Decir que ha sido uno de los highlights del viaje es poco. Son siete plantas de juegos variados que en Europa no veremos nunca por lo raro del asunto. La planta inferior de huevos con regalo, en plan echar moneda y ver que toca, especial para chicas (todo era rosa). La de entrada está llena de máquinas de coger regalos con pinzas, operando un brazo mecánico. En las dos siguientes había arcades de monedas. Básicamente, compras monedas (a cambio de dinero real te dan unas de nanco similares a las que dan en los casinos americanos para jugar a las tragaperras) y te pones a jugar a las distintas máquinas. Una de ellas era de carreras de caballos. El jugador tiene un sofá con una pantalla delante donde interactúa con los caballos (los acaricia, les da de comer, etc) o apuesta (pone cantidad de dinero en distintos caballos) después puede ver la carrera (virtual) en la pantalla de cine de enfrente o en su monitor. A esta máquina están conectados distintos jugadores de todo Japón con lo cual es un todos contra todos... También hay otras que no sabría explicar que objetivo tenían, parecía que empujabas monedas para hacer una marea de monedas, sobre las que se agolpaban bolas de plástico en cuyo interior había más monedas... cosa rara, rara.



Siguiendo planta arriba nos encontramos con la zona de máquinas "comunes" como las que tendríamos en España de juego en red , coperativo, etc... Son cabinets enormes con varias pantallas en los que puedes jugar con el tío que tienes detrás o con gente en otras ciudades de Japón, toda esa información aparece en la pantalla. Hemos visto muchas máquinas de Gundam pero las que más gracia nos ha hecho era una de Battle Royale Dragon Ball. Escoges que personaje del mundo Dragon Ball quieres ser, le pones la ropa que te apetece y entras en un mundo de la serie (en este caso era Namec) y hala, a darte de leches con los contrarios. En este caso hemos visto a un tio bastante bueno que llevaba 8 victorias zurrarle a otros. Era un todos contra todos con gente que estaba en Nagoya, Tokyo, etc.


En esta misma planta también había unas máquinas curiosas que consistían en jugar con cartas. Imaginaos un Age of Empires donde manejas a tus ejércitos con cartas que colocas sobre un tablero, dependiendo de la forma en la que coloques la carta en el tablero así se coloca tu escuadra, y puedes cargar tus cartas en una máquina con dinero Namco. Adquieres mejores soldados o zonas donde adiestrarlos, etc... Con este mismo concepto de cartas hemos visto a unos jugar al fútbol, lo que más gracia me ha hecho ha sido ver como entrenaban a los jugadores que acababan de comprar y que les venían en sobres. Durante dos minutos pueden dedicarse a entrenarlos, moviéndolos como locos sobre el hueco de la pantalla dedicado a entrenar... He visto que los chicos que estaban jugando (que llevaban las camisetas de Pirlo y de Zidane) tenían pocos jugadores de la liga española. Pero bueno, también estaban jugando con gente de otras ciudades en una liga. Todo esto de las máquinas la verdad es que es bastante extraño y muy diferente a lo que tenemos en España.


Nos hemos pasado por el hotel un rato a descansar los pies que ya no daban más de si los pobres y hemos bajado a la estación a pasarnos por un centro comercial y echarle un ojo a los váteres. Leyendo una entrevista a Navarro en el Marca comentaba que Felipe Reyes en la época del Mundial de baloncesto de Japón les había comentado la posibilidad de invertir todos en un negocio de importación de estos utensilios que al final no sacaron adelante. No me extraña, es un gran invento que en España parece que comercializa Roca pero al triple del precio que aquí. Después de echar un vistazo nos hemos dado cuenta que se necesita saber las dimensiones de las tazas para acoplarle las tapas así que tendremos que verlo más adelante.

Al salir nos hemos ido dando un paseo por la zona antigua para ver el ambiente, un poco apagadete la verdad y nos heos ido al hotel que levantándose tan temprano a uno no le quedan muchas ganas de estar de noche por ahí.

martes, 13 de septiembre de 2011

Día 6 Kyoto 10 Septiembre 2011

Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz , hoy es el cumpleaños de uno de los dos, que ya celebramos tomándonos las tartas del Sweets Paradise. Desayunamos en el hotel unos bollos y unos cafes expreso fresquitos que tristemente son bastante mejores que los calientes que puedes tomar en cualquier parte, salvo cafeterías especializadas.

Como estamos un poquito hartos del rollo templo que se estila en Kyoto ( tarifa estándar: 3€-5€, 30 o 40 templos que hay aquí, eche usted cuentas) hemos ido al oeste a disfrutar un poco de la naturaleza a la zona de Arashiyama.... Como no, estaba a tope de japoneses. Lo que más nos ha gustado ha sido el Bamboo Grove , un bosque de Cañas de bambú de metros de altitud. La verdad es que llama la atención lo alto que crece el bambú y lo junto. Por un momento parecía que estabas en las Cañas de Flying Daggers, que para el que no la haya visto, en España son La casa de las dagas voladoras, hay unas escenas y paisajes espectaculares.


En esta zona hay otro templo famoso del que hemos pasado duramente. Ha sido más interesante perderse por el monte con un calor infernal. En mi vida me he licuado tanto, peor que en Bangkok y mira que ahí ya era infernal. Con 35 grados y una humedad altísima como para moverse... La verdad es que si lo pienso, en nuestro gasto diario, tranquilamente 1/3 puede estar gastándose en líquidos. Las máquinas de bebidas las tenemos dominadas. Pero la verdad es que son caras, una botella de medio litro de coca cola puede valer 2€ y un agua 1.2€. Aún así es inevitable beber porque la deshidratación como que no es muy agradable. Con este clima uno empatiza con los soldados de la serie The Pacific que cuando luchaban en las junglas del pacífico se morían de calor.
Después del bosque de bambú también ha estado bien la visita al puente de Togetsukyō que es un enclave muy parecido a la bajáda del río en Yangshuo en China. A mi me han entrado unas ganas de bañarme en las aguas cristalinas que para que os voy a contar. Pero no ha sido el caso porque había incluso gente cogiendo agua para beber. También hay que resaltar la labor de los fenómenos que salpican los destinos turísticos. Hay unos carros llamados ricksaw que arrastran unos mozos lozanos y que tienen capacidad para dos personas. Ahora pensad en un tipo arrastrando un carro, corriendo bajo un sol de justicia monte arriba. Pues es lógico que cobren por la aventura 50€. Ahora , ni nosotros cabemos dentro ni creo que tuviesen ganas de llevar 170kilos, con lo fácil que es llevar a dos plumillas japoneses. Eso si, todos llevan su carnet de corredor federado o guía de viajes.

Después de pasear por esta zona hemos ido al parque donde se encuentra el Palacio Imperial, residencia del emperador cuando está en Kyoto. Si quieres visitar el palacio o las dos villas imperiales tienes que ir a la oficina de la casa imperial que se encuentra aquí y solicitar permiso para acceder en algún tour guiado, gratuito, con guía en japonés. Pero claro, si no sabes ni en que día vives mal vas, porque al ser sábado estaba cerrado. Los fines de semana no trabajan. Lo de las villas para otro día será.

Como ya eran las 3 y eso es más bien tarde nos hemos ido a comer a Mr Young Men un sitio recomendado en wikitravel por servir un plato tradicional de la zona, el onimayaqui. Las fotos dan cuenta de lo que pensamos del plato, espectacular... Que rico. Una cosa, no se aprecia en la foto pero lo de arriba con color rosa estaba moviéndose por el calor, suponemos que era algún tipo de viruta de cebolla o similar.

Después hemos dado un paseo por las calles cubiertas llenas de comercios y pasando por delante del edificio de Namco estaban haciendo un sorteo en el cual girabas una rueda y caía una bola con premios. Nos ha tocado una partida gratis (200 yen) y tres barritas de golosinas que eran una especie de maíz frito con sabores (tipo gusanito pero en tubo), con algo parecido a Doraemon estampado. No ha estado mal.

Después nos hemos bajado en bus hasta la estación de tren para acercarnos a otro de esos sitios tres estrellas, el altar de Fushimi Inari... Se coge la Nara line de JR y en 5 minutos te deja a la puerta porque la estación está justo enfrente. El templo se encuentra en permanente construcción ya que acepta donativos. Era llamativo ver como los obreros que trabajan al sol en la construcción tenían ventiladores para refrigerarse. Eso si, estaban morenos como los españoles.



 Hemos pasado por una puerta Tori enorme y hemos entrado en el recinto. Se están preparando para festejar los 1300 años de su fundación pero dudo que ningún edificio sea de esa época. Lo de las puertas es llamativo porque las hay a miles y todas muy pegadas. Resulta que se construyen por donación de empresas y de particulares. En función de la anchura de la base de la puerta pagas. El precio iba desde los mil a los cien mil euros.


En este templo se puede subir 4km entre altares y puertas pero no hay mucho mas que ver. Tienen muchas estatuas de zorros que son los representantes de Inari , el dios de la riqueza representada por los cultivos y principalmente el arroz. Bruno se ha quedado con ganas de subir así que está planteándose subir corriendo otro día. Yo paso.
Hemos vuelto al hotel y sobre las 7 ya estábamos hechos polvo de nuevo con lo cual a dormir para levantarse a las 6 y aprovechar las horas en las que el sol no pega mucho.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Día 4 Kyoto 8 Septiembre 2011

6 de la mañana. Hacía yo que no me levantaba a esa hora... Ah no, que si, que tuvimos que levantarnos a las 5 para salir de Mallorca. Bueno, pues que levantarse a esta hora es algo más fácil si vienes de España y compensas el jet-lag. Eso si, ni Dios en las calles. El sol en todo lo alto y sólo algún que otro coche salpicando las calles y ningún autobus. Pues va a ser que no se levantan tan temprano en Kyoto o en Japón en general.

Otra vez ducha , espectacular, con unos jabones de jalea real y aceite de oliva que daban gusto y un paso por la Toto. ¿Y que es la Toto? La compañía de tazas de váter de Japón. No se como con un producto tan rompedor y además de tanto uso cotidiano no son una megacorporación más grande que Apple. Anda que no tiene botones, y aplicaciones interesantes, como el calentador, el desodorante, los chorritos varios calentitos con presión ajustable... No lo entiendo...


Bajando a recepción para darles las gracias por la gestión con Agoda e informarles que había salido bien nos encontramos de nuevo con nuestro amigo "español" que nos dijo que la vida no comenzaba hasta las 8 y que los comercios no 24h no abrían hasta las 10 salvo algunos restaurantes que podían estar abiertos antes para servir desayunos. Nosotros por ahi buscando donde desayunar y muy poco abierto, al final nos fuimos a un MacDonalds abierto y nos tomamos un desayuno nipón tipo McDonalds, horrible por cierto, con unos cafés todavía peores. Nota: cuidado con el café, si no es Starbucks o viene en pota de cristal mejor pasar...

En la calle que nos encontrábamos estaban numerosos comercios ya que es un distrito de compras principalmente. Los comerciantes ofrecen wifi gratis en toda la calle con numerosos APs todos con nombres como Shijo (nombre de la calle) ap y con una clave muy segura, 0123456789. Algunas de las trasversales de esta principal eran muy curiosas pues estaba cubiertas pese a ser calles normales con tráfico. Hay que ir por ellas con mil ojos porque no están marcadas con líneas.

Tras el desayuno y después de comprar bebidas para combatir la humedad y el calor nos fuimos al Parque Maruyama. En este parque hay numerosos templos de distintas religiones y sectas dentro de ellas con lo cual puedes darte una idea de lo importante que es la religión en la historia de Japón. Pasando por el Altar de Yasaka  donde estaban los sintoistas ejecutando sus ritos subimos por el cerezo milenario (que no tiene mil años) al Templo de Chionin que en realidad son multitud de edificios. Pudimos ver a un monje practicando los golpes al tambor y a la vasija además de escuchar sus letanías. Este templo es budista japonés.


Y en este primer encuentro con la cultura japonesa ya nos dimos cuenta que, al menos aquí en Kyoto, no se le concede ninguna importancia al turismo extranjero. La mayoría de turistas o visitantes que se ven son autóctonos o coreanos. La verdad es que es muy difícil guiarte por las distintas zonas ya que apenas hay un cartel traducido al inglés y olvídate de entender lo que ponen referente a los distintos edificios ya que se encuentran en su mayoría sólo en japonés.

 Fijaos como en este caso, el cartel en inglés (que no es de éste sino de otro templo, de los más importantes de Kyoto) lo tiene que patrocinar Fujicolor.

Es por ello que veo a Japón como un entorno hostil al foráneo que se quiere aproximar a su cultura. Tal vez por ello sus números de visitantes sean tan reducidos. Puede acompañar en su contra la situación geográfica pero habiendo estado en China o Tailandia donde el turismo tiene un papel económico importante, lo dudo.

Ahora entiendo porque a los japoneses se les ve generalmente en grupos organizados y con guias. Porque la misma brecha que experimentamos nosotros con su idioma la experimentan ellos con el nuestro (e incluyo al inglés) si bien es cierto que mientras nosotros tenemos la información generalmente en varios idiomas y siempre en inglés ellos por lo menos por aquí sólo en japonés.

Tras una mañana por el parque bajamos hacia la zona clásica de Kyoto, el distrito Higashiyama. Subiendo por unas calles estrechas repletas de tiendas atendiendo al turismo japonés con cientos de potas y otros avalorios muy típicos llegamos a uno de los puntos tres estrellas de la ciudad, el templo de Kiyomizudera . Se supone que con tres estrellas hemos seleccionado lo que las guías turísticas que hemos consultado (Dk Eye Witness Top 10, Rough Guides, Lonely Planet y Frommers) consideran lo mejor junto al site Japan Guide.

En este caso decepciona, tal vez por la aglomeración , por la saturación de templos o porque no le encontramos relevancia a las construcciones y al enclave. Vamos, que para ser de lo mejor te deja un poco frio. Las vistas que se suponen espectaculares son más bien normalitas y la naturaleza que es lo más llamativo está vallada para que no la estropees.


Lo más gracioso del templo es que son comerciantes hasta con él. Está prohibida la entrada con bebidas porque tras el paseo de media hora al calorcete tienen una catarata "sagrada" donde cobran 200 yenes por beber. Lo bueno es que se bebe de tazas tradicionales esterelizadas a pie de catarata. Continuando bajando ya aparecen concesiones de bebidas donde te puedes refrescar.

Tras esta visita nos dirigimos a comer a la calle comercial pasando por el Kyoto clásico caminando por una de las primeras carreteras de Japón a lo largo de la cual se encuentran restaurantes y teatros en casas tradicionales que no sabes si sobrevivieron al destrozo de la segunda guerra mundial y son por lo tanto milenarias o son en realidad réplicas elaboradas. Si por casualidad un día queréis tomaros un té sabed que en esta calle se encuentra uno de los establecimientos más antiguos donde tomarlo.

Eso sí que no sea un té tradicional de la zona, té matcha, verde y agrio que nos supo a rayos.
Comimos en un buffet japonés por eso de intentar probar platos variados. Pero el problema es que poco aprendes cuando nada tiene letrero y si lo tiene , no lo entiendes. Básicamente comimos derivados de la soja en muchas formas, pescados, tempuras, carnes, verduras raras y postres de tamaño irrisorio. En general no nos gustó mucho pero tal vez fue porque salió barato. Lo curioso es que pagamos extra por soft drinks con refill pensando que por soft drinks hablaban de refrescos y cosas así, pero no, zumo de naranja, de manzana, bebida de vinagre y té frio son lo que ellos consideraban soft drink.

Tras comer nos fuimos a dar un paseo por la zona comercial, con precios poco populares y comercios más exclusivos. Chanel , Ferragamo , etc... son algunas de las tiendas que vimos, dentro de centros comerciales todos ellos tipo Corte Inglés.

Ya se estaba haciendo de noche asi que nos fuimos de vuelta al hotel con la intención de descansar un rato antes de acercarnos a la estación de tren y coger los billetes para Hiroshima y Miyagima.
Después de cronometrar 25 minutos a paso rápido entre el hotel y la estación llegamos. Antes de salir habíamos localizado en un mapa dos supermercados grandes. Ya sabéis lo que nos gusta ir a los supermercados, ver los productos locales y comparar los precios. Pero claro, de nuevo la barrera del idioma y la cultura. La gente no sabe como son los supermercados occidentales, con lo cual preguntar por ellos o similares se vuelve imposible. Hay mucho comercio tipo combini y drogurerías de localizaciones y estanterías imposibles pero encontrar un sitio que lo combine todo es complicado. Lo que encontramos fueron mercados de comida donde en distintos puestos venden sus productos elaborados. Algo similar a las plazas de abastos pero orientadas al producto final elaborado. De estos hemos visto bastantes.

Después de desistir en nuestra búsqueda nos fuimos a coger los billetes y ya de paso a ver la estación. La construyó un arquitecto japonés muy famoso, Hara Hiroshi,  y es espectacular. JR, la empresa de ferrocarriles , es la dueña de Isetan, un centro comercial bestial y de un hotel en su interior. Con lo que cobran por los billetes es normal que puedan afrontar estos megacentros y hoteles. Si bien también es cierto que es una empresa privada que se encarga del mantenimiento de sus líneas y estaciones.

Una vez con nuestros billetes nos dirigimos al hotel de vuelta y tras tomarnos algo en el Starbucks (un clásico) encontramos un edificio/centro comercial de la cadena Yodobashi con varias plantas explicadas en japonés e inglés con lo cual pudimos ver que contaba con un supermercado y con tecnología a punta pala. La verdad es que era sólo supermercado de comestibles pero llegó para ver que los precios en cuanto a alimentos no son muy distintos a los de España salvo raras excepciones. Un kg de plátanos por ejemplo costaba 80 céntimos y seis filetes de salmón cinco euros.

En otras plantas vimos tecnología , móviles, cámaras, televisiones , instrumentos musicales, etc... El paraíso para un audiófilo o un sibarita , la cantidad de productos y la variedad eran impresionantes, los precios, no tanto. Eso sí, era como una especie de bucle infinito porque al ser una superficie enorme en varias plantas y estar dividido en "comerciantes" te podías encontrar con fundas de móviles en la planta 1, la 2 o la 3, llegando a un punto que no sabías donde estabas , si podías salir ya o no. Después de un rato de desesperación conseguimos salir con destino al hotel.

De paso encontramos una estación de bomberos que ya habíamos visto antes pero en la que nos fijamos en este momento por estar iluminado un pequeño escaparate museo muy gracioso.

También aprovechamos para hacer la compra de productos de droguería que decidimos no llevar en la maleta para no ocupar espacio y de comida en un pequeño supermercado de la cadena Fresco que nos encontramos de camino. Parece mentira que nos pasásemos el tiempo buscando uno y cuando ya no hacía falta apareciera. La ley de Murphy no falla. Aún así vino bien para comprar cosas con las que llenar la nevera.

Y otro día que nos íbamos a levantar a primera hora, así que tocaba irse a dormir, y otra cosa, las camas del hotel, espectaculares, pensabamos al principio que eran muy duras pero lo que pasa es que son colchones adaptables al cuerpo, con lo cual acaban quedando perfectos. La almohada es estrecha pero muy cómoda. Da gusto, la verdad, sobre todo con la experiencia anterior del Ibis.