Hoy comienza la aventura de este nuevo viaje destino a Asia, con la esperanza de poder visitar algún día todos los países que nos dejamos en nuestro anterior paseo por la zona. Como ya sabéis el billete de avión lo tenemos desde antes del desastre de Japón del 2011 así que no tiene nada que ver para que el vuelo con Aeroflot nos saliese a muy buen precio (gracias apañeros rusos, se agradece).
Teniendo en cuenta que salimos a las 10am desde Madrid con destino a Tokyo pasando por Moscú había dos opciones , ir en el mismo día desde Vigo a Madrid en un vuelo de los de primera hora o pernoctar en Madrid la noche antes. Viendo los precios que se gastan las compañías para los vuelos de primera hora desde Vigo (del orden de 160€ oigan) decidimos optar por Ryanair desde Santiago saliendo la noche del lunes 5 a las 22:00 con destino a Madrid. En cuanto a este vuelo, típicamente Ryanair, con el miedo de pasarnos con la maleta y que nos hiciesen volver atrás con ella, por lo que comentaban en los tweets la gente del aeropuerto , pero al final sin ninguna incidencia. Eso sí, el avión completo, 198 personas, una ocupación del 100% que tiene este vuelo, espectacular, y por un precio ajustado que es como hay que volar.
Salimos con 5 minutos de adelanto (toma ya!) y llegamos con 15 de adelanto sobre el horario previsto, llegamos tan rápido que los de Barajas no tenían ni las escaleras ni los autobuses para el transporte. Con vuelos como éste consiguen ser la compañía número 1 en puntualidad. Eso sí, que se lo digan a los de Milán que al día siguiente se quedaron en tierra desde Madrid (es lo que tiene volar con Ryanair, que si no sales, te fastidias). Como dato curioso decir que los azafat@s del vuelo comentaban que la media de ingreso por consumiciones había sido de 17 céntimos. Espero que con eso se refiriesen a su comisión, porque si no, no se entiende.
Al llegar al aeropuerto, terminal uno, añoramos al instante la T4, que vieja se ve la pionera de Barajas y desangelada. El tema es que cogimos noche en el hotel Ibis de Barajas, con lo que teníamos traslado al hotel gratuito en un shuttle puesto por la cadena Accor. Dato curioso, lleva 450000 kilómetros a razón de 1000 km diarios, o eso sacamos más o menos, menuda tralla que lleva el autobús. En cuanto al hotel, muy limpio y aseado pero las camas un dolor. No dormimos nada ninguno de los dos y eso que era una de 2m por 2m para Bruno y un sofá cama cutroso para mí (cómo se les ocurre llamarle doble a una habitación que no tiene dos camas iguales…). Si os interesa la opinión sobre el hotel siempre podéis leerla en tripadvisor. A los señores de Ibis les digo que tienen que mejorar.
Salimos al aeropuerto al día siguiente a primera hora, nos levantamos a las 7 y cometimos el primer error del viaje (de esos que siempre hay) puesto que no leímos desde que terminal salíamos (tonto de mi supuse que sería la T4) llegamos a la T1 de nuevo y los desayunos a precio de hotel pero peores (en el hotel un desayuno de 6€ le pegaba mil vueltas, al ser buffet, a lo que te pedían en la cafetería única de la terminal). De todo se aprende, para la próxima a informarse mejor. Por coger el vuelo con una agencia alemana no teníamos check-in online así que lo hicimos en el aeropuerto. Una chica tailandesa nos asignó nuestros asientos, pesó las maletas (10 kilos para 2 semanas) y dirección a la puerta de embarque. Tras el control de seguridad y el de pasaportes ya estábamos listos para salir.
Tuvimos la mala suerte de que detrás nuestra estaba un equipo argentino de natación o triatlón, no se, pero mira que eran cansinos. Y nosotros teníamos que estar ahí para aprovecharnos del único enchufe a mano, cargando todos los dispositivos. Mira que me hacía gracia ver a la gente acercarse y al vernos con un ladrón y varios equipos conectados cuchichear. Después de esperar un rato embarcamos y sorprendentemente los asientos tenían un espacio bastante amplio, daba gusto. 5 horas hasta Moscú parecía que no iban a ser gran problema.
Por cierto, las azafatas de Aeroflot, rusas ellas, llevan la hoz y el martillo en el uniforme. Que cosas! y yo que pensaba que habían olvidado totalmente el comunismo. Será que hay que reciclar uniformes porque la verdad, parecían un poco ajadillos. Nos sirvieron una comida y un tentempié y a pesar de las 5 horas de vuelo se hizo bastante corto. El vuelo fue en hora y al llegar nos llevamos una ración de burocracia rara, rara. Al ser un vuelo de conexión, no salimos de la terminal, pero aún así nos hicieron pasar por una habitación donde nos tuvieron esperando a unas 50 personas para luego hacer un control de pasaportes y seguridad con personal bastante seco y desagradable.
El aeropuerto internacional de Moscú está bastante bien, muy limpio y ordenado, aunque no tienen apenas restaurantes y menos aún enchufes!! (nota para algún gerente de aeropuerto, los enchufes por favor, a pares y en cada asiento). Con un layover de 2h las pasamos entretenidos navegando con el wifi del aeropuerto (que los rusos nos den wifi gratis y los señores de aena no es para quejarse) salimos con dirección a Tokyo. El aeropuerto de Moscú es el hub de Aeroflot para conexión con sus destinos asiáticos , así que la gente que venía con nosotros luego cambiaba a destinos tan chulos como Ulan Bator, Nueva Delhi, Shanghai o Vietnam.
En el avión a Tokyo, un Airbus 330-300, el espacio entre asientos es mucho menor que en el Airbus 320-200 a Moscú pero como no iba lleno pudimos coger la fila de 4 asientos del medio para nosotros dos. Eso sí, el vuelo un dolor, porque casi diez horas son un poco insufribles cuando eres alto (aunque siempre es mejor que los vuelos de 14 horas desde el resto de capitales europeas).
Y con esto acabamos el primer y segundo dias de viaje, los siguientes ya serán desde Japón.


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