6 de la mañana. Hacía yo que no me levantaba a esa hora... Ah no, que si, que tuvimos que levantarnos a las 5 para salir de Mallorca. Bueno, pues que levantarse a esta hora es algo más fácil si vienes de España y compensas el jet-lag. Eso si, ni Dios en las calles. El sol en todo lo alto y sólo algún que otro coche salpicando las calles y ningún autobus. Pues va a ser que no se levantan tan temprano en Kyoto o en Japón en general.
Otra vez ducha , espectacular, con unos jabones de jalea real y aceite de oliva que daban gusto y un paso por la Toto. ¿Y que es la Toto? La compañía de tazas de váter de Japón. No se como con un producto tan rompedor y además de tanto uso cotidiano no son una megacorporación más grande que Apple. Anda que no tiene botones, y aplicaciones interesantes, como el calentador, el desodorante, los chorritos varios calentitos con presión ajustable... No lo entiendo...
Bajando a recepción para darles las gracias por la gestión con Agoda e informarles que había salido bien nos encontramos de nuevo con nuestro amigo "español" que nos dijo que la vida no comenzaba hasta las 8 y que los comercios no 24h no abrían hasta las 10 salvo algunos restaurantes que podían estar abiertos antes para servir desayunos. Nosotros por ahi buscando donde desayunar y muy poco abierto, al final nos fuimos a un MacDonalds abierto y nos tomamos un desayuno nipón tipo McDonalds, horrible por cierto, con unos cafés todavía peores. Nota: cuidado con el café, si no es Starbucks o viene en pota de cristal mejor pasar...
En la calle que nos encontrábamos estaban numerosos comercios ya que es un distrito de compras principalmente. Los comerciantes ofrecen wifi gratis en toda la calle con numerosos APs todos con nombres como Shijo (nombre de la calle) ap y con una clave muy segura, 0123456789. Algunas de las trasversales de esta principal eran muy curiosas pues estaba cubiertas pese a ser calles normales con tráfico. Hay que ir por ellas con mil ojos porque no están marcadas con líneas.
Tras el desayuno y después de comprar bebidas para combatir la humedad y el calor nos fuimos al Parque Maruyama. En este parque hay numerosos templos de distintas religiones y sectas dentro de ellas con lo cual puedes darte una idea de lo importante que es la religión en la historia de Japón. Pasando por el Altar de Yasaka donde estaban los sintoistas ejecutando sus ritos subimos por el cerezo milenario (que no tiene mil años) al Templo de Chionin que en realidad son multitud de edificios. Pudimos ver a un monje practicando los golpes al tambor y a la vasija además de escuchar sus letanías. Este templo es budista japonés.
Y en este primer encuentro con la cultura japonesa ya nos dimos cuenta que, al menos aquí en Kyoto, no se le concede ninguna importancia al turismo extranjero. La mayoría de turistas o visitantes que se ven son autóctonos o coreanos. La verdad es que es muy difícil guiarte por las distintas zonas ya que apenas hay un cartel traducido al inglés y olvídate de entender lo que ponen referente a los distintos edificios ya que se encuentran en su mayoría sólo en japonés.
Fijaos como en este caso, el cartel en inglés (que no es de éste sino de otro templo, de los más importantes de Kyoto) lo tiene que patrocinar Fujicolor.
Es por ello que veo a Japón como un entorno hostil al foráneo que se quiere aproximar a su cultura. Tal vez por ello sus números de visitantes sean tan reducidos. Puede acompañar en su contra la situación geográfica pero habiendo estado en China o Tailandia donde el turismo tiene un papel económico importante, lo dudo.
Ahora entiendo porque a los japoneses se les ve generalmente en grupos organizados y con guias. Porque la misma brecha que experimentamos nosotros con su idioma la experimentan ellos con el nuestro (e incluyo al inglés) si bien es cierto que mientras nosotros tenemos la información generalmente en varios idiomas y siempre en inglés ellos por lo menos por aquí sólo en japonés.
Tras una mañana por el parque bajamos hacia la zona clásica de Kyoto, el distrito Higashiyama. Subiendo por unas calles estrechas repletas de tiendas atendiendo al turismo japonés con cientos de potas y otros avalorios muy típicos llegamos a uno de los puntos tres estrellas de la ciudad, el templo de Kiyomizudera . Se supone que con tres estrellas hemos seleccionado lo que las guías turísticas que hemos consultado (Dk Eye Witness Top 10, Rough Guides, Lonely Planet y Frommers) consideran lo mejor junto al site Japan Guide.
En este caso decepciona, tal vez por la aglomeración , por la saturación de templos o porque no le encontramos relevancia a las construcciones y al enclave. Vamos, que para ser de lo mejor te deja un poco frio. Las vistas que se suponen espectaculares son más bien normalitas y la naturaleza que es lo más llamativo está vallada para que no la estropees.
Lo más gracioso del templo es que son comerciantes hasta con él. Está prohibida la entrada con bebidas porque tras el paseo de media hora al calorcete tienen una catarata "sagrada" donde cobran 200 yenes por beber. Lo bueno es que se bebe de tazas tradicionales esterelizadas a pie de catarata. Continuando bajando ya aparecen concesiones de bebidas donde te puedes refrescar.
Tras esta visita nos dirigimos a comer a la calle comercial pasando por el Kyoto clásico caminando por una de las primeras carreteras de Japón a lo largo de la cual se encuentran restaurantes y teatros en casas tradicionales que no sabes si sobrevivieron al destrozo de la segunda guerra mundial y son por lo tanto milenarias o son en realidad réplicas elaboradas. Si por casualidad un día queréis tomaros un té sabed que en esta calle se encuentra uno de los establecimientos más antiguos donde tomarlo.
Eso sí que no sea un té tradicional de la zona, té matcha, verde y agrio que nos supo a rayos.
Comimos en un buffet japonés por eso de intentar probar platos variados. Pero el problema es que poco aprendes cuando nada tiene letrero y si lo tiene , no lo entiendes. Básicamente comimos derivados de la soja en muchas formas, pescados, tempuras, carnes, verduras raras y postres de tamaño irrisorio. En general no nos gustó mucho pero tal vez fue porque salió barato. Lo curioso es que pagamos extra por soft drinks con refill pensando que por soft drinks hablaban de refrescos y cosas así, pero no, zumo de naranja, de manzana, bebida de vinagre y té frio son lo que ellos consideraban soft drink.
Tras comer nos fuimos a dar un paseo por la zona comercial, con precios poco populares y comercios más exclusivos. Chanel , Ferragamo , etc... son algunas de las tiendas que vimos, dentro de centros comerciales todos ellos tipo Corte Inglés.
Ya se estaba haciendo de noche asi que nos fuimos de vuelta al hotel con la intención de descansar un rato antes de acercarnos a la estación de tren y coger los billetes para Hiroshima y Miyagima.
Después de cronometrar 25 minutos a paso rápido entre el hotel y la estación llegamos. Antes de salir habíamos localizado en un mapa dos supermercados grandes. Ya sabéis lo que nos gusta ir a los supermercados, ver los productos locales y comparar los precios. Pero claro, de nuevo la barrera del idioma y la cultura. La gente no sabe como son los supermercados occidentales, con lo cual preguntar por ellos o similares se vuelve imposible. Hay mucho comercio tipo combini y drogurerías de localizaciones y estanterías imposibles pero encontrar un sitio que lo combine todo es complicado. Lo que encontramos fueron mercados de comida donde en distintos puestos venden sus productos elaborados. Algo similar a las plazas de abastos pero orientadas al producto final elaborado. De estos hemos visto bastantes.
Después de desistir en nuestra búsqueda nos fuimos a coger los billetes y ya de paso a ver la estación. La construyó un arquitecto japonés muy famoso, Hara Hiroshi, y es espectacular. JR, la empresa de ferrocarriles , es la dueña de Isetan, un centro comercial bestial y de un hotel en su interior. Con lo que cobran por los billetes es normal que puedan afrontar estos megacentros y hoteles. Si bien también es cierto que es una empresa privada que se encarga del mantenimiento de sus líneas y estaciones.
Una vez con nuestros billetes nos dirigimos al hotel de vuelta y tras tomarnos algo en el Starbucks (un clásico) encontramos un edificio/centro comercial de la cadena Yodobashi con varias plantas explicadas en japonés e inglés con lo cual pudimos ver que contaba con un supermercado y con tecnología a punta pala. La verdad es que era sólo supermercado de comestibles pero llegó para ver que los precios en cuanto a alimentos no son muy distintos a los de España salvo raras excepciones. Un kg de plátanos por ejemplo costaba 80 céntimos y seis filetes de salmón cinco euros.
En otras plantas vimos tecnología , móviles, cámaras, televisiones , instrumentos musicales, etc... El paraíso para un audiófilo o un sibarita , la cantidad de productos y la variedad eran impresionantes, los precios, no tanto. Eso sí, era como una especie de bucle infinito porque al ser una superficie enorme en varias plantas y estar dividido en "comerciantes" te podías encontrar con fundas de móviles en la planta 1, la 2 o la 3, llegando a un punto que no sabías donde estabas , si podías salir ya o no. Después de un rato de desesperación conseguimos salir con destino al hotel.
De paso encontramos una estación de bomberos que ya habíamos visto antes pero en la que nos fijamos en este momento por estar iluminado un pequeño escaparate museo muy gracioso.
También aprovechamos para hacer la compra de productos de droguería que decidimos no llevar en la maleta para no ocupar espacio y de comida en un pequeño supermercado de la cadena Fresco que nos encontramos de camino. Parece mentira que nos pasásemos el tiempo buscando uno y cuando ya no hacía falta apareciera. La ley de Murphy no falla. Aún así vino bien para comprar cosas con las que llenar la nevera.
Y otro día que nos íbamos a levantar a primera hora, así que tocaba irse a dormir, y otra cosa, las camas del hotel, espectaculares, pensabamos al principio que eran muy duras pero lo que pasa es que son colchones adaptables al cuerpo, con lo cual acaban quedando perfectos. La almohada es estrecha pero muy cómoda. Da gusto, la verdad, sobre todo con la experiencia anterior del Ibis.
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